jueves, 11 de mayo de 2017

Jugar con La Distancia... (Más larga)

Pero el viajero que huye 

tarde o temprano 

detiene su andar.
Gardel 

Cuando una película toca todas las aristas de la vida, como si todo fuese una especie de enamoramiento a primera vista, se sabe que gustó. Todo tiende a relacionarse. Cuanto se ve una segunda vez y esas repeticiones de la personalidad se repiten hasta la rutina, es algo más, no sólo un superfluo flechazo. 

Citando a  Montejo, la tierra giró para encontrar-nos. En este caso de La distancia más larga, al cine de vuelta con su espectador. De temática abstracta, aunque sea muy concreta, la relación con su arte es ese tocar todos los asuntos de la realidad con la ficción. En ese camino de vías opuestas, la gente puede sucumbir ante la vida y muerte pero también ante el amor que bordea una y otra vez, infinitos caminos, abstractos en sí mismos. El amor es identidad, eso parece; sólo falta la licencia. Martina la tuvo y la recupera, igual Lucas con su padre. Uno como venezolano con su nacionalidad: En ese sutil ojo Claudia Pinto nos hace cómplices con la mirada de Martina, en ese afecto de la tierra. 

La transición viajera es un gran aprendizaje. La tierra gira insisto como en una infinita búsqueda que devuelve a casa la ilusión. Martina se busca a si misma en el recuerdo y Lucas, su nieto, a ella también para encontrarse a si mismo. Evidentemente, péndula entre ellos Kayemó como si  fuese el epicentro de la tierra. No es una fábula pero de serlo, La distancia... Recuerda que damos la espalda al mundo para no entendernos.

La película no tiene fin, dejar de caminar no significa  que todo terminó. 

Cuando toda ficción permea la realidad, se sabe que gustó. Así ambos protagonistas, se reconcilian con el pasado, uno con menos tiempo, otro con más. Y si algo hay que dejar mientras se camina son las culpas, será suficiente con que uno elija, porque si no la buena fortuna pasa de largo, dice Calamaro hablando de las oportunidades, las primeras o las segundas.

Pero al final, sin irme al lado del camino, las historias son historias que se quedan porque se saben contar, sin importar el qué. Eso pasa con La distancia más larga.

fin del camino. Graciasclaudiapinto

Otro punto que nada que ver con lo anterior...

Cada vez que Caracas aparece en un plano de cine, puede que la gente intuya el primer grito absurdo de aburrimiento por esa distópica ciudad que se ha construido en la pantalla grande y que hemos replicado afuera (o viceversa) En mi percepción óptica, hasta el lugar que mi daltonismo dejó ver, Caracas se vuelve más colorida y brillante, no es esa especie de maqueta de Gotham city caribeña a la que se nos ha acostumbrado, es otra. Los vicios citadinos construyen el desarrollo de la trama, no es la ciudad consumiéndose a sí misma hasta redundar, es otra. Una Caracas que bien -o mal- se olvida con la Gran Sabana pero que al final, no es oscura. 

martes, 9 de mayo de 2017

Los primeros cuadernos de Paul


No había excusa para que Paul, es decir yo, no quisiera irse. A veces no me gusta hablar en tercera persona pero es que si no me descubren. Paul es producto de la ficción, no es ni él. Es eso tercerizaciones y la razón de porqué existe es gracias a que su terapeuta se lo dijo. En realidad, no recuerda lo que le dijo pero esto, escribir, fue lo que se le ocurrió. Decidió pintar pero le aburría, la máquina, que a fin de cuentas, era el lugar donde más pasaba el tiempo, era el lugar donde se sentía cómodo y eso era lo que necesitaba para, Paul, que elide el yo, sentirse cómodo. 

La mejor manera que tenía era escribir, entonces. Pero primero, luego de que también le recetaran una canción fue echarlo a perder todo, incluso esa nueva amistad que estaba funcionando muy bien. Pero Paul nunca quiso saber del pasado, ni quería tener nada que se relacionara a él. Le dolía no sabe de que modo pero era un sofoco que le iba creciendo desde la boca del estómago hacia los pulmones. Así que le gritó como nunca lo había hecho antes sobrio y lo dejó perder, incluso cuando ella lo entendía. Se necesitaban porque si, no era porque estaban solos, no era porque no les gustaba la gente, ni mucho menos porque se gustaban, se gustaban porque sí. Se necesitaban y aunque, en poco tiempo, se habían dado cuenta que lo hacían, cuando necesitas a alguien tanto no te das cuenta que el otro también lo hace y te molesta, te encoleriza estar en el mismo tandem sin ninguna dirección.

Y es totalmente mentira que todo esté bien, dudó en borrar la última conversa, lo dudó tanto que se quedó viendo fijamente como titilaba la imagen en sus ojos porque el parpadeo era casi como de sorpresa fantasmagórica. Porque lo que en realidad le interesaba a Paul aquella vez, era quedarse sin imagen de ella luego de abrir los ojos, por eso le gritó, a esa especie de tabla que venía acercándose cada vez más a tratar de ayudarlo. Él se la imagina como una tabla pequeña de esas de anime que las ve desahacerse con el pasar del tiempo, porque necesita un barco grande y aun sigue con los ojos abiertos en medio del mar. Arde...y mucho. 

Alguna vez tuve tanto miedo que dejé de pelear. Digo, tuvo, Paul, tuvo. Pero aunque Paul dice que los miedos solo hay que nombrarlos para que desaparezcan, eso es lo que no quiere. Irse desvaneciendo en la imagen de alguien volviendose un sofoco nocturno para cuando ya todo sea demasiado ¿tarde? no, lejos. Le daba pavor verse como iba solo volviéndose silueta en la memoria del otro. A fin de cuentas, pensó, que todo rostro que se va suele quedarse como el sudario cristiano, una mancha que se asemeja mucho a la última imagen que queda pero que ya no está. Le duele ahora también de una manera cristiana, en la cabeza, en el costado, en las piernas en el cuerpo entero menos en el corazón. Si le hubiera dolido ahi, se hubiera dado cuenta del infarto que estaba por venir y esa presa de salir corriendo a recuperarse el miocardio, se hubiera olvidado de todo.

¿Paul?

¿Por que decidió llamarse Paul? Cuando fue que el otro, un nombre se habría vuelto él mismo. Porque la recordaba incluso de las primeras peleas en juego que todos desconocían. Un cliché que terminó convirtiéndose un símbolo para los dos. Él siempre confunde fetiche con cliché. Luego pensó que el mundo al que ambos pertenecían era tan distinto que no reconocía ni su primera hoja, recuerda como se lo advirtió en medio la multitud "Yo no soy el profesor Romero que lo ha leído todo". Luego, mucho tiempo después, se enteró de que aquel profesor tampoco lo había leído.

Nada que ver, nada que extrañar. Eso fue solo una de las primeras memorias que podían ir viniendole a la mente mientras seguía en esa tensa calma que parecía no decir nada cuando se encontraba en medio de la multitud. Era un patán de primera, cosa que le advirtió a la última. Valiente como fue ésta se lanzó a no creerselo por lo dulce que había sido los primeros días. En los últimos días, él se había vuelto un limón, peor aún. Se dio cuenta que el patrón se repetía, intentaba ser una persona cordial cuando todo estaba dado por perdido y luego, después de un tiempo, la furia de no saber saltar la cerca para recoger el balón en la casa de al lado lo hacía enfurecer hasta dañar la cerca.

lunes, 11 de julio de 2016

La Pagana Trinidad: Somos más un proyecto comunicacional que musical


Publicado originalmente en eluniversal.com 07 de julio de 2016 12:32 PM





Hace poco La Pagana Trinidad cumplió dos años, no recuerdo nada, por eso tuve que entrevistarlos, para explicar lo que pasó y lo que está por pasar el jueves 7 de julio en las noches de Música en La Terraza en La Quinta Bar de Las Mercedes.

Con baile y todo, la idea surge desde varias aristas, pero una sola es la que queda: la realidad. “Es un poco intimista, hasta cierto punto acorrala como que si vas a escuchar una rockola o una música cómoda no necesariamente La Pagana sea para ti. Sí creo que hasta ciertos niveles tiene un punto de agresividad y que busca eso casi un ritual en el que nos soltemos el moño y hasta que bailes conmigo”, hace con ademanes de danzar la show-girl, la de la güira.




Alessandra (Abate) toca la güira con las notas musicales incorporadas en la garganta, Fernando (Bosch) la guitarra y Armando (Lovera) una batería que a veces puede convertirse en una caja. Los veo llegar y sigo sin entender, unas semanas atrás, en el aniversario, entre piñata y despojadores de demonios internos, no comprendo cómo solo tres personas, tres instrumentos, pueden hacer tanto ruido y generar una locura colectiva que redujo aún más los no pocos metros del sitio donde estábamos.
Una suerte de respuesta se convierte en unidad:  Tenemos el mejor número para la democracia”. No hay casi diferencia entre ellas, más que de forma, en el fondo suele ser igual, como son los incorruptibles seres que dejaron de ser individuo para convertirse en un grupo. “La Pagana se gobierna a si sola”, dice la cantante. “Ha cobrado vida propia como el personaje de un guionista que se pregunta hacia dónde va la historia y si ese personaje está bien construido es quien la conduce”.
Por eso, la noche suele escapársele de las manos, desazón de fiesta que no excluye a ninguno. Dos respuestas masculinas se disparan al unísono: “Hemos puesto a bailar metaleros”, dice el de las cuerdas. “Puedes ser un hipster o lo que sea, no te pueden poner un beat porque en seguida te pones a mover los pies”.
Ellos que –como hecho no comprobado– saben bailar salsa los tres, intentan desligarse de ataduras pueriles cuando se montan en tarima, cuando comienzan los primeros acordes en vivo. “Somos más un proyecto comunicacional que musical en muchos sentidos. Hay un montón de contenido atrás, una exploración que además es evidente desde las letras hasta la producción de los temas hasta la escena”, resume Alessandra como una definición general.
Sin embargo, la exploración por géneros tan diversos cumbia, swing, lo más clásico de los 80 contrasta con unas letras que exploran un significado profundo, un juego semántico-sintáctico en "Cosas cursis"; referencias literarias en Valery, del escritor Gonçalo Tavares; en "La avispa", ese homenaje parafraseado del poema de Aquiles Nazoa y que rememora al “El ratón” de Cheo Feliciano. Ese juego que, pudiera confundir a cualquiera, atrapa entre lo sacrílego y divino, entre la biblia y el calefón.
“Precisamente es que no creemos en una barrera entre una cosa y la otra. Y seguramente, Gonçalo Tavares, el autor del libro en quien está inspirado Valery, baila también. Adiós a toda esa postura limitante de una movida que pone unos límites concretos porque en realidad a todos nos encanta movernos”, concluye Alessandra.
Definitivamente, como latencia del pasado, la banda es una escapatoria, un asunto de catarsis como soltarse el moño a las balanzas entre el rock y la idiosincrasia latina. En Fernando, que luchaba entre los discos de Pink Floyd y La Fania, con las vueltas de Salserín y los sueños con Servando Primera; en Alessandra, entre la música de Liquid tension experiment y un claro recuerdo de cuando empezó a bailar salsa en una boda como acto involuntario. En Armando no se supo que pasó, pero resume que ya no son diversos géneros en un grupo sino la inclusión de la banda en lo que hacen. “Estamos pasando de ser una guaracha, un swing a la particularidad.  Tenemos algo de donde nosotros mismos hacernos referencia”.
¿Dónde ha pisado fuerte este trío? Ganadora de premios Pepsi y de un lleno recurrente atípico cada vez que toca, “La Pagana hasta ahorita es una banda que ha hecho ruido a partir de sus en vivo y de 'Cosas cursis', que al final no se parece nada al sonido del disco. La gente celebra por ese mismo asunto de la honestidad”. Terminó siendo para todos. 
La batería atina a decir que es porque se lo “están creyendo”, están tocando como si ese fuera el único tiempo, se lo gozan distinto a cualquier otro grupo. “La música es como la vida, a uno le gusta tal artista y mañana te gusta otro. Lo dice Hugo Fuguet: la música hay que escupirla en el momento. La música que harás el año que viene es incierta”.
Siempre fiesta, hacen honor a su nombre, se intuye desde Alessandra. “La pagana es sumamente festiva y la fiesta tiene una naturaleza como intrínseca desde que existe la fiesta tu trabajas la tierra, eres un ser funcional. Te comes todo, arremetes contra tu propio cuerpo, ese lugar de encuentro en el que todas las razones son válidas. Más que un recital de la banda es un encuentro donde yo hago catarsis y el público se suelta el moño conmigo. Eso lo agradezco” No hay medias tintas, es así.
Coinciden los tres desde su punto particular. Fernando sigue con la certeza de saber que “Comenzamos y estamos haciendo música para nosotros mismos, ni pretendíamos tener una banda ni enseñarla al público, así de honesta era que no era para nadie. Vamos a una fiesta a divertirnos. Por ejemplo, ‘Cosas Cursis’ salió por diversión, de la nada y no tiene capaz no tiene nada que ver con la versión en disco y con ella llegamos a los premios Pepsi sin saber cuál será su sonido definitivo”.
Lo sacrílego se conjuga en música, la respuesta en vivo sobrepasa lo que puede ser la experiencia de lo grabado, ni de las canciones ya hechas. Con simpleza y sin miedo responden a que no saben lo que vendrá cuando el disco esté acabado. “No somos una banda de poses”
No hay conclusión para quien no sabe lo que pasará inclusive estando dentro de un trío que está muy claro que quiere hacer. Si La Pagana Trinidad con la experiencia de lo físico no lo sabe; la música de sus en vivo no tienen capacidad que lo aguante: nunca se repiten. No hay paso igual a otro, el sabor es abstracto.


domingo, 3 de julio de 2016

Charliepapa se reencuentra a sí misma

El vocalista de la agrupación de rock, Mattía Medina, cuenta su experiencia en el South by Southwest, el festival más importante del género en el mundo y habla del cuatro sencillo del disco "Y/O", "La cima", y del videoclip que lo acompaña

Publicado originalmente en eluniversal.com 31 de mayo de 2016 05:50 AM


Charliepapa nunca se oculta. Cualquier single de la agrupación venezolana abre las puertas a un próximo encuentro con su audiencia, que crea un monopolio en las redes. Ahora pasa con La cima, el cuarto sencillo de su disco Y/O, que vio luz hace casi un año, y cuyo video –que acaba de ser publicado, como el propio nombre del disco, emerge desde la dualidad, dos polos que no crean ruptura, con dos tiempos encontrados: el pasado remoto y el futuro,  quizás incierto.

Este nuevo video, La cima, del habitual creador Adrián Egea, puede que sea representación del lugar donde se encuentra Charliepapa. Como diría su vocalista, Mattía Medina, la canción no se pensó con mirada de retrospección. “Cuando la escribí no estaba pensando en eso, pero el video le quedó perfecto. Porque a pesar del éxito de este álbum, la banda está un poco estancada y mirar hacia atrás nos hace ponernos en un lugar de inicio también. Sobre todo porque en el video aparece un personaje mayor, que es una metáfora mía, del que se supone no se sabe qué sucedió, si sigue siendo exitoso, estrella de rock o padre de familia, pero le gustaba llegar al lugar donde inició todo”. 

Evidentemente, hay una pausa en la banda merideña. Y ello está reflejado en el video. Pero para el también guitarrista Mattía Medina no se trata de algo negativo.

“Ahora es que nos da tiempo de analizarlo todo, porque desde el año 2010 veníamos trabajando muchísimo sin pensar. Ni siquiera disfrutábamos lo que nos estaba pasando. Y este alto nos hace pensar hacia dónde vamos. La cima es algo que se quiere, pero que no necesariamente necesitas; Por ello, encontrarnos de algún modo ahí, mirando, nos hace pensar en qué es lo necesario para nosotros como banda y amigos de toda la vida”

De hecho, la distancia y el tiempo de separación entre sus integrantes fue lo que hizo que su participación en uno de los festivales de música más importantes, el South by Southwest (SXSW), en Austin, Texas, tuviera otro cariz.

“Fue una experiencia que no hubiese sido igual si la banda hubiese continuado. Hubiese sido un show más. Pero esto fue como un reencuentro de amigos que cambió la manera de ver la banda. Sientes un poco más de respeto y eres más consciente de lo que ella representa para ti”. 

Después de año, Y/O sigue teniendo el concepto de los primeros sonidos que lo formaron en 2013: “Esa dualidad de país, de corrientes internas que han regido al mundo. Así como también para esa parte que se queda y que se va de Venezuela, donde hay cierto desentendimiento, lo cual es lamentable porque cada uno tiene sus razones. Ni siquiera tiene que ver con el pensamiento político, porque todo el mundo está muy claro de qué lado está, sino que siempre habrá una subdivisión desde donde sea”.

Ese disco, que según Mattía Charliepapa aún quiere disfrutar por un tiempo con más singles y hasta una edición deluxe para los más devotos, reflejará con la luna la etapa taciturna de la banda que, desde la idea inicial de las contradicciones, arropa a los músicos actualmente “Se nos regresó el discurso: Eso te genera una especie de impotencia porque en el momento en que la banda está captando tanta atención, está prácticamente de manos atadas”.

De allí que cada uno está dando un paso para la internacionalización. “Cayó en un momento muy grave. Sin queja, porque no solo es en la música. Muchos estamos pasando por esto. Solo que hay que darle la vuelta a la tortilla”, dice Medina, quien sabe que se trata de un  proceso lento que va materializándose con La cima y Bengala escuchándose en emisoras de radio mexicanas. Las nominaciones al Grammy son también puertas abiertas que miran hacia el pasado y una gran responsabilidad de hacer algo mejor para el futuro. 

Hasta ahora una plegaria atendida que hace más conexiones,  juntan lo más orgánico de sus guitarras a lo electrónico. “En este disco nos propusimos que cada canción tuviera un remix”, como ya había venido haciendo la banda con Famasloop y Garnica, Masseratti 2lts y ahora con esta versión de La cima de Victor Porfidio & LOSH. “Nos da un vuelco total y con ellos dos nos lleva hacia un más allá”. Habrá a quienes les haga dudar pero “la banda nació como un apéndice del colectivo musical Los Andes Electrónicos, apadrinada por Cayayo Troconis y encabezada por la banda Dios le pague, al que siempre hemos seguido de cerca y nos gusta mucho”. 

Sin embargo, no hay desligue ni mucho menos de aquellas melodías que intentaban sacar canciones de Blur y Oasis. La concordancia de su trayectoria mantiene un sonido latente y tiene un responsable. “Somos muy susceptibles al entorno, a Mérida, nuestro lugar de origen, y nos aprovechamos de ello para proyectarlo en nuestra música y viceversa. Por eso quizá nuestra música es tan honesta”. El sonido de Charliepapa admite dualidades, pero nunca ruptura.Charliepapa nunca se oculta. Cualquier single de la agrupación venezolana abre las puertas a un próximo encuentro con su audiencia, que crea un monopolio en las redes. Ahora pasa con La cima, el cuarto sencillo de su disco Y/O, que vio luz hace casi un año, y cuyo video –que acaba de ser publicado, como el propio nombre del disco, emerge desde la dualidad, dos polos que no crean ruptura, con dos tiempos encontrados: el pasado remoto y el futuro,  quizás incierto.

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Este nuevo video, La cima, del habitual creador Adrián Egea, puede que sea representación del lugar donde se encuentra Charliepapa. Como diría su vocalista, Mattía Medina, la canción no se pensó con mirada de retrospección. “Cuando la escribí no estaba pensando en eso, pero el video le quedó perfecto. Porque a pesar del éxito de este álbum, la banda está un poco estancada y mirar hacia atrás nos hace ponernos en un lugar de inicio también. Sobre todo porque en el video aparece un personaje mayor, que es una metáfora mía, del que se supone no se sabe qué sucedió, si sigue siendo exitoso, estrella de rock o padre de familia, pero le gustaba llegar al lugar donde inició todo”. 

Evidentemente, hay una pausa en la banda merideña. Y ello está reflejado en el video. Pero para el también guitarrista Mattía Medina no se trata de algo negativo.

“Ahora es que nos da tiempo de analizarlo todo, porque desde el año 2010 veníamos trabajando muchísimo sin pensar. Ni siquiera disfrutábamos lo que nos estaba pasando. Y este alto nos hace pensar hacia dónde vamos. La cima es algo que se quiere, pero que no necesariamente necesitas; Por ello, encontrarnos de algún modo ahí, mirando, nos hace pensar en qué es lo necesario para nosotros como banda y amigos de toda la vida”

De hecho, la distancia y el tiempo de separación entre sus integrantes fue lo que hizo que su participación en uno de los festivales de música más importantes, el South by Southwest (SXSW), en Austin, Texas, tuviera otro cariz.

“Fue una experiencia que no hubiese sido igual si la banda hubiese continuado. Hubiese sido un show más. Pero esto fue como un reencuentro de amigos que cambió la manera de ver la banda. Sientes un poco más de respeto y eres más consciente de lo que ella representa para ti”. 

Después de año, Y/O sigue teniendo el concepto de los primeros sonidos que lo formaron en 2013: “Esa dualidad de país, de corrientes internas que han regido al mundo. Así como también para esa parte que se queda y que se va de Venezuela, donde hay cierto desentendimiento, lo cual es lamentable porque cada uno tiene sus razones. Ni siquiera tiene que ver con el pensamiento político, porque todo el mundo está muy claro de qué lado está, sino que siempre habrá una subdivisión desde donde sea”.

Ese disco, que según Mattía Charliepapa aún quiere disfrutar por un tiempo con más singles y hasta una edición deluxe para los más devotos, reflejará con la luna la etapa taciturna de la banda que, desde la idea inicial de las contradicciones, arropa a los músicos actualmente “Se nos regresó el discurso: Eso te genera una especie de impotencia porque en el momento en que la banda está captando tanta atención, está prácticamente de manos atadas”.

De allí que cada uno está dando un paso para la internacionalización. “Cayó en un momento muy grave. Sin queja, porque no solo es en la música. Muchos estamos pasando por esto. Solo que hay que darle la vuelta a la tortilla”, dice Medina, quien sabe que se trata de un  proceso lento que va materializándose con La cima y Bengala escuchándose en emisoras de radio mexicanas. Las nominaciones al Grammy son también puertas abiertas que miran hacia el pasado y una gran responsabilidad de hacer algo mejor para el futuro. 

Hasta ahora una plegaria atendida que hace más conexiones,  juntan lo más orgánico de sus guitarras a lo electrónico. “En este disco nos propusimos que cada canción tuviera un remix”, como ya había venido haciendo la banda con Famasloop y Garnica, Masseratti 2lts y ahora con esta versión de La cima de Victor Porfidio & LOSH. “Nos da un vuelco total y con ellos dos nos lleva hacia un más allá”. Habrá a quienes les haga dudar pero “la banda nació como un apéndice del colectivo musical Los Andes Electrónicos, apadrinada por Cayayo Troconis y encabezada por la banda Dios le pague, al que siempre hemos seguido de cerca y nos gusta mucho”. 

Sin embargo, no hay desligue ni mucho menos de aquellas melodías que intentaban sacar canciones de Blur y Oasis. La concordancia de su trayectoria mantiene un sonido latente y tiene un responsable. “Somos muy susceptibles al entorno, a Mérida, nuestro lugar de origen, y nos aprovechamos de ello para proyectarlo en nuestra música y viceversa. Por eso quizá nuestra música es tan honesta”. El sonido de Charliepapa admite dualidades, pero nunca ruptura.

lunes, 20 de junio de 2016

Lo paradójico del futuro

Suele ser recurrente que en las fantasías distópicas, los intercambios viscerales-cables entre humano-máquina y, en el caso de Wall.e, no es la excepción.

Como puede verse en el filme de Disney, la evolución tecnológica desarrolló en la experiencia humana la supresión de los sentimientos, la capacidad de interacción  fuera del canal de la nueva tecnología. El celular no se ha vuelto un utensilio sino un apéndice corpóreo que dañó la experiencia de interactuar "por medio de".

Así, la película toma una crítica desde dos vías: la primera, la necesidad de adquirir nuevas herramientas para "dar" la noción de conectividad -y no comunicación- con el otro y, por otro lado, activar la necesidad de devorar y comprar exclusivamente lo nuevo. En primera instancia, la comunicación se hace pero sin emoción.

En ese sentido, el quiebre de la película con relación a la crítica de los humanos empieza con entender al otro desde lo tecnológico, es Wall.e a través de su relación con Eva quien devuelve la necesidad de comunicación próxima. Paradójico que los sentimientos en el futuro nos enseñen a como comportarnos. Apreciación que difiere con nuestros comportamientos, cada vez más somos más autómatas, he allí la moraleja. 

Hemos aprendido a convivir con una naturaleza artificial, haciendo olvidar lo presencial, lo que es renovable.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Adiós luz que nos apagaste


Cierre de centros comerciales, restricciones de cines y divertimento público, cada día la ciudad, esta, Caracas, se vuelve trabajo, fila y encierro. Pérdida del espacio público, obligación de lo político. Una desmetaforización de la vida como cárcel con las puertas abiertas. Cada vez más la ciudad se hace menos vivible ¿En que siguen creyendo?

No basta con el tempranerismo, esa insulsa forma de decirnos a la camita porque hay un toque de queda no pactado. El sistema de gobierno es hacernos no pensar, sino buscar sin siquiera encontrar algún producto básico o uno innecesario.

Entre causas y consecuencias, la evidencia es clara, no hay dólares y no hay productos. Qué más hay que dilucidad, la administración otorgamiento y en dado caso la supervisión de estos pertenece al gobierno. No a la lumpenburguesía roja que aplaude cuando es amparado por dos nefastas razones: la política de lo ajeno o la aparición fantasmagórica del mesías.

Al tempranerismo, a ese detrimento del disfrute del espacio público, que quieren opacar con todos los suena caracas posibles, se le suma el transporte público pero no esa nefasta sensación de nuevos taxis con precios viejos que funcionan como propaganda -eso sí es pagarse y darse el vuelto- sino al autobús que corcovea por las vías.

Hoy se detiene uno de La Panteón-Montalbán al lado de otro, el chofer mira resignado a su colega, "mírale los cauchos lisitos. Tenemos más de 30 unidades paradas sino es por caucho, es motor, es batería, es alternador, es tren delantero" La lista se hacía larga y más que por la parada pensar en todo lo que podía faltarle a ese mismo autobús decidí bajarme.

jueves, 16 de abril de 2015

Ninfomanía: Silencio y dolor.

Von Trier no es digerible, para nada, pero Nymphomaniac suele caer tan bien como un pescado a la orilla de la playa. Pude usar otra metáfora pero la relación con la pesca es inherente, porque es el recurso que usa el director como comparativa con el impulso sexual, con ese dato estilístico que es el pre apareamiento. Incluso, a aquel -como a mi- que no haya sabido apreciar a la pesca como un deporte estilístico, mucho más que cualquiera, empieza a hacerlo. Al final, Von Trier reafirma aquella teoría social que tenía y sigo manteniendo: todo está relacionado con el sexo, no hay tema que no se le pueda adherir, no hay uno que sea inherente. La magia del director está en eso, en saber hacer con sutileza la simbiosis.

El cierre de la trilogía de la depresión, que comenzó con el Anticristo (2009) pasando por Melancolía (2011) logra una fusión de sus dos anteriores, que hace de esta pieza de casi cinco horas algo más procesable por lo menos en cuanto a narración, porque en concepto el danés es irreductible. Adhiere elementos gráficos que desencajan al espectador habitual pero no disgusta. Es como el anzuelo que cazó al pez que observa.

Ninfomanía, a diferencia de sus predecesoras, va incorporando más diálogo que hace una perfecta sincronía con su innegable excelsa fotografía como ella sola. Donde la relación, como es habitual en esta trilogía, es un colinde entre la naturaleza subyacente a punto de acabarse pero que aún se mantiene bella, como la propia película. Una metáfora al declive humano que dentro de su ruptura con la normalidad suele contar -y decir- mejores historias. La estética de este filme, el genio de Von Trier reside en captar con ojo acusioso-minucioso, ese punto entre un suspiro y el último.  Ninfomanía son muertes residentes, constantes, aquello que llaman los franceses La petite mort. Una resaca sexual mal curada. 

Impacta que, aunque en ella habite menos la música, suele ser de las tres ser la más musical. Acaso un encuentro sexual es un organismo de ondas mudas, que se escucha al tacto. Bien lo decía Fito Páez, el silencio lo es todo. 

Su(s) personaje(s) cohabitan en un aura sexual que termina fraccionando el dolor, haciendo del vicio, del impulso sexual una confusión, un limite muy difuso.Así, Ninfomanía no es tan monstruosa, en su acepción de temible, ligera como una comida bien apreciada pero que, al final, siempre duele. Silencio y dolor, the enfant terrible lo volvió a hacer.
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