Intel: la inteligencia artificial como columna vertebral de las ciudades del futuro




 ¿Qué significa realmente estar “listo para el futuro”? Para Intel, no se trata de prometer soluciones futuristas, sino de poner la tecnología al servicio de lo cotidiano. Así lo explican Gustavo Michel y Roberto David López, ejecutivos de la compañía tecnológica que lideran estrategias de ciudades inteligentes en América Latina y Europa.

“La tecnología que se está implementando en las ciudades busca habilitar todos los aspectos que tocan la calidad de vida del ciudadano”, explica Michel, responsable de la unidad de negocios de Smart Cities. No se trata solamente de sensores, algoritmos o infraestructura: el foco está en cómo estos recursos se integran para mejorar servicios como la salud, la movilidad, la seguridad o la sostenibilidad.

Ciudades listas para el futuro

Uno de los insumos clave para esta visión ha sido el estudio Future Ready Cities, realizado en colaboración con el laboratorio de análisis ThoughtLab. El informe revela que ya no basta con atender únicamente temas como el transporte o la seguridad; hoy, una ciudad verdaderamente inteligente también debe integrar dimensiones como la salud mental, el bienestar ambiental y la equidad digital.

“Los datos están ahí. Lo que falta es una infraestructura interoperable que permita procesarlos e interpretarlos de manera útil para el ciudadano”, apunta Michel. Es ahí donde entra la inteligencia artificial, no como promesa vaga, sino como herramienta concreta que ya está optimizando rutas de transporte, detectando eventos de seguridad o ayudando a decidir en qué momento salir para llegar a tiempo.

Democratizar la IA, desde el borde hasta el ciudadano

Para Roberto David López, el gran desafío de esta década será democratizar la inteligencia artificial. “La IA no puede quedarse en los centros de datos. Tenemos que llevarla al borde: ahí donde se generan y procesan los datos en tiempo real”, señala. Esa descentralización es clave para que las decisiones se tomen más rápido, con más precisión y más cerca del usuario.

Gracias a un ecosistema global de desarrolladores y socios tecnológicos, Intel ha logrado desplegar soluciones concretas en áreas como videovigilancia, prevención del delito y movilidad urbana. “No se trata solo de eficiencia; hay un potencial de ahorro enorme: el estudio indica que las ciudades que invierten en tecnología inteligente pueden ahorrar hasta 280 millones de dólares en eficiencia hacia 2030”, subraya López.

Co-creación: público, privado y ciudadanía

Aunque muchas de estas soluciones surgen desde la iniciativa pública, Michel reconoce que el éxito depende de una articulación real entre gobiernos, empresas, academia y ciudadanía. “La mayoría de los proyectos de ciudades inteligentes se gestan como una necesidad del sector público, pero no pueden avanzar sin el conocimiento, financiamiento y visión del sector privado”, afirma.

Ese modelo de colaboración —el que articula a municipios, empresas, universidades y entes reguladores— ha permitido que proyectos antes impensables se vuelvan viables, escalables y sostenibles. Y aunque la tecnología es esencial, ambos coinciden en que su valor real depende de poner al ciudadano en el centro.

“El problema no es la falta de datos, es que no los estamos aprovechando como deberíamos. Una ciudad inteligente es, ante todo, una ciudad empática, donde la tecnología responde a las necesidades reales de las personas”, concluyen.

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