Hablo por mí


De niños, y luego de adolescentes, nos enseñan en un término de 8 horas a aprender más de una cosa, a cambiar, tras breves horas de descanso, de las matemáticas a las lenguas y luego a la historia, diversas cosas; para, ya de adultos,  pasar más de 8 horas diarias haciendo la misma cosa. 


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