Leonardo A. Torres En el escenario del Latino Gastronomic de Puebla, la gastronomía se volvió relato, memoria y poesía que vino de Girona. Entre aromas de anchoas en salazón, aceites verdes recién prensados y copas de vino ancestral, apareció Pep Nogué, cocinero, profesor y divulgador de la cocina catalana, para recordarnos que comer no es solo un acto cotidiano: es también un gesto de identidad, de amor y de futuro. Un cocinero que narra con los sabores Formado durante más de una década en el Celler de Can Roca, Nogué carga consigo la enseñanza de Joan Roca: “la cocina es un lugar para contar historias”. Con esa brújula, ha construido un camino donde la técnica es importante, pero nunca lo esencial: lo esencial es la memoria que se transmite en cada bocado, la geografía que se traduce en cada producto, la emoción que despierta cada plato. En Puebla, su propuesta fue una barra gastronómica que funcionó como un escenario íntimo. Sin manteles ni solemnidades, frente a los asistentes ...
No he cambiado el nombre, ni me interesa, es perfecto. Me dicen que es el primer estreno del año en el país, yo digo apresurándome que debería quedarse en ese podio. La primera cosa que dije fue: a uno no le importa tanto los detalles técnicos porque la trama es muy buena, si uno no critica los aspectos técnicos es porque se sobreentiende que están bien hechos. Se pierde uno en la historia de un cuento más que en que falte una coma en lo escrito. Ese es el primer aplauso. La realidad que bordea cualquier espacio está solapado con la inocencia, la reconstrucción de signos que emergen desde cualquier lado, lo bueno de la niñez es eso que todo es bueno. A veces, comento con Elena y ella me lo dice de vuelta, que detesto algo este anclado en la realidad y me la muestre como un crónica, un reportaje y eso fue quizás la peor-mejor cachetadas de princesas rojas tiene matices autobiográficos pero ni siquiera me enteré, más aún, ni siquiera me importó. La historia sucede dentro ...
Estos últimos cinco años, el cine francés ha pulsado fuertemente en marcar la mirada del espectador en sus figuras femeninas, como siempre lo ha hecho, actrices histrionicas y bellas hacen que la recurrencia sea cada vez mayor. Pero algo a lo que hay algo que tiene un cariz sutil y novedoso, las mujeres como directoras. Tiempo atrás, me habría pasado con la rubia Julie Delpy en su comedia romántica "Dos días en Paris" a quien la crítica consideró por su tratado del humor como la nueva "Woody Allen", en esta película ella misma actúa y parece haberse sacado ese estigma de las secuelas de "Before Sunset y "Before Sunrise " haciendo de sí misma otra. La película tiene una voz distinta que ahora no viene al caso. La fórmula, no la de la trama o estética de "Dos días en París", sino esa dualidad directora-actriz se repite en "La guerre est déclarée" de Valérie Donzelli y deja una nostalgia al salir de la sala, una necesidad ...
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